El puente

Me saca del puente arrastrándome por los hombros una vez que lo había limpiado ella sola…. y van…. no sé cuántas veces hemos limpiado el puente, ya he perdido la cuenta.

Una vez más, antes de entrar en el bosque, deja todas las cosas que contienen hierro y también me despoja de las mías. Me deja apoyado en uno de los árboles más viejos de la zona. Sin mirar a nadie, simplemente al bosque dice:

– Yo volveré cuando pueda.

Dicho esto se da la vuelta se dirige al puente que otra vez están intentado cruzar. Es el mismo puente pero es diferente…. porque un escupefuego, de cinco metros lo ha invadido. Es más grande que el propio ancho de la estructura. Ahora sí que Jorelma ha decidido sacar a sus pesos pesados. No tenemos nada que… no tiene nada que hacer con el dragón.

En ese lado del puente les veo. Un grupo de cinco soldados han cruzado el puente cuando no les veíamos y se dirigen hacia mí.

El dolor de costado no me permite poner de pie y las armas están al inicio del bosque, a veinte pasos de distancia. No voy a poder llegar. Los soldados llegan al inicio del bosque y empiezan a reírse al ver que no puedo moverme. Las risas se convierten en gorgoteos cuando atraviesan sus cuellos unas diminutas flechas.

El dragón mientras tanto ha llegado a la mitad del puente. Empieza a aspira fuertemente y después escupe fuego por la boca. Asrim se esconde detrás del escudo mientras el puente empieza a hervir a causa del calor que desprende.

Asrim aprovecha el momento en que el escupefuego empieza a aspirar de nuevo para salir de detrás del escudo que ahora está ardiendo y grita:

– Este es mi puente y yo decidido que ahora es el momento de que se caiga.

Clava con todas sus fuerzas la lanza justo en el pilar central creando una enorme grieta que llega hasta los cimientos. El peso del dragón hace el resto. El puente empieza a derrumbarse. Asrim se da la vuelta, empieza a correr y enseguida llega la tierra firme. El escupefuego no puede girar debido a su tamaño y aunque intenta alcanzar a Asrim, cae al abismo.

En ese momento se me cierran los ojos, he perdido demasiada sangre.

Autor: Francisco José Díez Devesa

Estudiante de Derecho y Economía en la universidad Carlos III de Madrid