Relato 14 El Cuerpo Expedicionario

-Salió como dijiste estratega. Buen trabajo. -felicita una de las sargentos tras reunirse todas de nuevas.
-Y ahora, ¿qué hacemos capitana? – pregunta otra de ellas.
-Buscar a los nuestros -responde.
-Creo que se cómo os puedo ayudar- añade el estratega- Hay que preguntar a los rebeldes.
-Porque es lo que haríamos nosotras- dice la capitana mirando al estratega- Está muy bien pensado.
Se encontraban reunidas en medio de la llanura de hierba alta, la misma que se extendía desde el último pueblo conocido hasta los límites de la frontera. La hierba acababa en puntas rojas dotando a toda la llanura una peculiar sensación de calidez. Corrían y saltaban animales por toda la zona mientras que sus depredadores esperaban tranquilos el momento idóneo para abalanzarse sobre ellos.
-Avanzaremos hacia el sur y en el primer pueblo preguntamos qué pasa por aquí. A ver si tenemos suerte y hay algún rebelde que nos pueda reconocer-
-Es una buena idea capitana -añade el estratega real.
-Pongámonos en marcha. Dentro de poco, en cuanto no descubran nuestro rastro por donde ellos creen que debería estar enviarán patrullas en todas las direcciones. Tenemos que estar en movimiento hasta que lleguemos al pueblo.
Recogieron las pocas posesiones que se habían podido llevar del campamento y empezaron la marcha hacia el norte.

Mientras tanto unos cuantos barcos pesqueros bajan tranquilamente el río hasta su desembocadura. El Cuerpo Expedicionario se había dividido la ciudad en cinco barrios; de cada uno de ellos se encargaría un sargento que, con sus soldados lo estudiaría en profundidad. Posteriormente el capitán una vez recopilada toda la información intentaría deducir donde retienen a sus mujeres. El plan era sencillo, el asunto que saliera bien.

Autor: Francisco José Díez Devesa

Estudiante de Derecho y Economía en la universidad Carlos III de Madrid