Relato 12 El Cuerpo Expedicionario

– ¿Cómo vamos a entrar capitán? -pregunta el sargento Phoko mientras El Cuerpo de Expedición camina por el sendero de la Gran Cordillera

– Por dónde menos nos esperan. Por la entrada principal sólo hay una puerta y estarán esperándonos, vigilando a todos los que pasen. Pero en cambio, en la puerta para pesqueros el paso es libre.

– Señor, le recuerdo que no tenemos barcos de pesca -le interrumpe el sargento Phoko.

– Por ahora -dice Risitas con una sonrisa enorme en la cara.

– ¿Les vamos a robar a unos pobres pescadores, señor? -le pregunta directamente el sargento Phoko al capitán.

– Claro que no, sargento – se saca una bolsa llena de oro – la rebelión va a financiar esta operación.

– ¿Lo sabe la rebelión? -pregunta de nuevo Phoko

– En estos momentos, creo que ya se habrán dado cuenta de que lo van a financiar -dice el capitán con una sonrisa.

– Entonces capitán, ¿qué hago con estas bolsitas de oro que los de la rebelión nos han prestado sin saberlo y que mis hombres y yo nos hemos ofrecido a llevar? – dice el sargento Risitas.

– Creo que esto responde a tus preguntas sargento Phoko.

– Sí señor, última pregunta ¿cómo llegamos al mar?

– Huelo agua cercana y en mucha cantidad, un río al este -responde el sargento Olores.

 

 

Mientras tanto en la frontera, hay una reunión en la tienda principal de una capitana. Hay seis personas de pie alrededor de la mesa, la capitana, cuatro sargentos y el estratega real. Por fuera de la tienda sentadas de forma casi desordenadas, diez soldados vigilan que no haya oídos indiscretos que puedan enterarse de lo que se habla.

– Os han puesto en el centro mismo del campamento. Eso quiere decir que os quieren tener vigiladas completamente. Según los libros es donde hay que situar a los aliados que desconfías.

– Nos habíamos dado cuenta. Nuestra idea es huir por el oeste. Por las letrinas. Con ese olor nadie pasará cerca para vigilar -dice la capitana.

– Al revés, esa es la idea que queremos que piensen todos los posibles enemigos. Es donde más vigilancia está situada, pero de forma oculta. Mi idea es pasar por el sur.

– Primero, estamos lejos de nuestro objetivo. Tendríamos que rodear de nuevo el campamento para huir al norte. Y segundo tendríamos que pasar por delante de la tienda de su comandante.

– Esa es la idea. Nunca imaginarán que pasaremos por allí. Lo he estado observando y no hay casi vigilancia.

– ¿Y oculta como en las letrinas? -pregunta una de los sargentos.

– Se diferenciarla y no hay nada. Tendréis que confiar en mí. Mi idea es tener todo previsto dentro de dos noches. Mañana preparemos el plan completamente.

Autor: Francisco José Díez Devesa

Estudiante de Derecho y Economía en la universidad Carlos III de Madrid